MARCO POSRACIONALISTA PARA LA TERAPIA COGNITIVA
SUS ORIGENES.
Los comienzos de la psicoterapia constructiva, se remontan al menos hasta el siglo XVIII con la aparición de una nueva respuesta a los debates imperantes sobre cómo y que “conocen” las personas. Estos debates tuvieron lugar en la epistemología, siendo el objeto de estudio de esta las teorías del saber y del conocimiento. La polaridad permanente en ese momento estaba entre el racionalismo clásico y el recién nacido empirismo. Los racionalistas estaban a favor de la mente, con las matemáticas como la forma más pura del lenguaje. Los empiristas eran defensores de la experiencia y de las sensaciones del cuerpo.
Mientras todo esto ocurría, algo mas estaba surgiendo. A principios del siglo XVIII esta tercera tradición se ha denominado “constructivismo” por su énfasis en la participación activa del sistema de conocimiento individual en la estructuración (auto organización) y, por lo tanto, en la posible dirección de sus propias actividades.
Giambattista Vico (1668-1744) es considerado generalmente como el creador de esta posición por su énfasis en el papel omnipresente del proceso constructivo en el conocimiento. Actualmente el constructivismo es un enfoque cada vez más popular en la filosofía, la psicología y la psicoterapia. (Mahonés 1991, 1995).
Para comenzar, tanto la practica modernista como la posmoderna de la psicoterapia cognitiva, asumirían que los seres humanos conocemos de forma activa (constructivismo). Sin embargo, comienzan a surgir diferencias entre ellas, sobre “que hacemos cuando conocemos” y “que conocemos”.
Para un terapeuta modernista cognitivo, la mente es un sistema activo (mas bien reactivo) que al descubrir la realidad hace invenciones poco validas. Por eso, le enseña
al paciente a descubrir formas mejores, mas validas, de ver las cosas. Para un terapeuta posmoderno cognitivo, la mente es igualmente un sistema activo (más bien proactivo) que inventa, no descubre, la realidad. Por eso, le enseña al paciente a inventar formas alternativas, mas viables de conocer.
Cuando “conocemos sobre algo”, un terapeuta cognitivo modernista asume un punto de vista mecanicista. El que conoce es una maquina activa que procesa datos. La realidad es algo externo a nosotros, a la que conocemos más o menos bien. Para un posmodernista la realidad, como algo totalmente externo al sujeto que conoce, no existe, es un sinsentido. No existe la realidad, sino nuestras “realidades” que son constituidas socialmente, por la interacción o la evolución continúan de la dinámica persona-ambiente. Otra diferencia importante es el tratamiento dado al lenguaje. Para el terapeuta modernista cognitivo, el lenguaje refleja la realidad, para el posmoderno, el lenguaje produce la realidad. Sostienen que los seres humanos son contadores de historias, donde el mundo es un conjunto de historias que se deben elegir para poder seguir viviendo una buena vida, en un proceso de recreación continua.
Principios básicos: La esencia de la filosofía constructivista se puede resumir en cinco puntos interdependientes: 1.Actividad, 2.Orden, 3. Identidad, 4. Procesos simbólicos-sociales y 5. Desarrollo dinámico.
La actividad es un tema central. El sistema de vida se considera como un agente proactivo que participa en su propia dinámica vital.
En el constructivismo, los sistemas son capaces de moverse por sí mismos.
A su vez, postula que el sistema de vida trabaja para establecer, mantener y elaborar un orden normalizado en su experiencia. Este proceso de auto organización activa continua a lo largo de la vida en respuesta tanto a dinámicas externas como internas. Dar orden a la experiencia llega a ser algo muy complejo y único para cada individuo.
Una de las cosas que hace la auto organización humana considerablemente más compleja, es la capacidad de procesamiento simbólico. Las actividades humanas de autoorganización están inmersas en contextos sociales y simbólicos. Los sistemas simbólicos tales como el leguaje son las expresiones de la fábrica social de la experiencia. El desarrollo de la identidad tiene lugar necesariamente en el contexto de las relaciones humanas. El individuo surge de sus vínculos humanos. Por lo tanto el sí mismo no es una entidad aislada, este se inserta en los sistemas sociales, y los sistemas sociales se impregnan del sí mismo de modo que el desarrollo de uno de ellos necesariamente influye en el otro.
El quinto tema corresponde al desarrollo de la autoorganización. Cualquier desarrollo se configura y cambia por una multitud de circunstancias, muchas de las cuales están mas allá de la conciencia o del control de la persona que intenta gobernarlas.
El desarrollo es un proceso fundamentalmente dialectico en que el orden surge de intentos continuos, activos, del sistema para conseguir un balance dinámico ante distintos contrastes dinámicos e interactivos. Por lo que la resistencia al cambio no es un fenómeno patológico, sino una expresión natural, autoprotectora que representa el intento por mantener la integridad de un sistema que se experimenta a sí mismo como siendo empujado muy rápido de los límites de su funcionamiento familiar.
LA EXPERIENCIA HUMANA COMO CONDICIÓN ONTOLÓGICA.
Desde una perspectiva posracionalista, es necesario comprender en que medida influye la experiencia humana en nuestra percepción del mundo.
Entonces, puesto que solo podemos percibir la realidad en que vivimos desde dentro de nuestro orden perceptivo, la experiencia humana nace de la experiencia del acto de vivir, y de vivir en el lenguaje, que en este sentido, representa la condición ontológica primaria ineludible.
Los seres humanos no pueden separarse del modo en que ven la vida, como consecuencia de la experiencia previa generada por su praxis vital, y también porque forman parte de una tradición histórica específica.
La experiencia humana tiene las características de ser intersubjetiva ya que el sujeto se configura en la relación con el otro y en cómo se siente visto por el mismo. Por otra parte y por el hecho de ser primates los humanos desarrollan procesos vinculares (apego según Bowlby), es decir, relaciones emocionales con los otros significativos que son sus cuidadores (base segura según Bowlby), y estos procesos se mantienen durante toda la vida, contribuyendo notablemente en la organización del dominio emocional y posterior proceso de individuación.
Esta experiencia humana se estructura en 2 niveles: el nivel de la experiencia inmediata y el nivel de la explicación, ambos son apreciadas de modo diferente por cada persona.
El nivel de la experiencia inmediata. El sentido de sí mismo: El primer nivel por llamarlo así en su origen histórico y evolutivo, es el nivel que tenemos en común con los animales, el nivel de la inmediatez, el del continuo fluir de la experiencia inmediata, el nivel de la vivencia, y es algo que ocurre en sí mismo, que se da independientemente de nosotros, va con nosotros y no necesita de nuestra intencionalidad ni de nuestro pensamiento.
Es el sentido de mí mismo como inmediatez, pero no esa inmediatez perceptual, sensorial, es sentirme sí mismo, es el sentido de ser. Es algo que se da continuamente y que llevamos con nosotros, aún cuando soñamos, o dormimos. Eso es lo que compartimos con todos los animales y no depende del hecho de quererlo llevar. Es un sentido visceral, el experimentar, es normalmente extra referido a una realidad externa única, común para todos.El nivel de la explicación. La imagen conciente de sí mismo. Simultáneamente al nivel anterior, siempre hay otro nivel en el cual esta experiencia, ese sentido que fluye ininterrumpidamente, es reconocido, elaborado, pensado, hablado. También los sueños son referidos, hablados. En este sentido somos animales que vivimos en el lenguaje, somos primates parlantes. En el nivel explicativo se intenta hacer consistente cada momento de la experiencia de sí mismo y es la manera con la cual se secuencializa la narración con un orden cronológico, causal y temático.
Es un proceso que toma la experiencia y la reconstruye. Al explicar, se intenta imponer distinciones conscientes a la experiencia, es autorreferida a la propia actividad interna. Toda nuestra experiencia de la inmediatez se vuelve comprensible y vivible, en la medida que le damos una forma.
Estos niveles los podemos caracterizar mejor, si lo pensamos como algo que fluye siempre entrelazado, al mismo tiempo yo me siento y me veo.
En cada momento yo tengo un sentido de mí mismo inmediato y tengo también una imagen conceptual de mí, que es siempre conjunta.
Los dos niveles fluyen continuamente pero tienen una afluencia distinta, es decir, el nivel de explicación tiene que quedarse un poco atrás para elaborar lo que ya ha sido vivido.
Esto genera, por esa característica que tiene la experiencia humana una discrepancia bastante importante entre la experiencia inmediata y la explicación, es decir, en cada momento de nuestra experiencia nosotros experimentamos mucho más de lo que nos damos cuenta, percibimos mucho más de lo que creemos comprender.
Por lo tanto experimentar y explicar en términos de “inmediatez fijada” (como lo vivencio) y “distanciamiento abstracto” (como me lo explico) son polaridades siempre presentes en la circularidad incesante de nuestra comprensión, ya sea que abordemos lo externo o a nosotros mismos. Mientras que la experiencia es una condición necesaria de toda explicación, también la explicación es crucial para dar congruencia y significado a los hechos de la vida.Guidano, desde un enfoque procesual y sistémico, da cuenta de la evolución del psiquismo humano y las formas de organización funcionales y disfuncionales que este adquiere. Así describe las organizaciones del Significado personal las cuales pueden ser funcionales o disfuncionales.
CONCEPTO DE ORGANIZACIÓN DEL SIGNIFICADO PERSONAL.
El primer dominio, la primera capacidad, la primera aptitud que adquieren los seres humanos es el dominio emotivo. El Significado Personal refleja el patrón emocional y psicofisiológico correspondiente.
Si tenemos presente la cantidad relativamente pequeña de emociones que los seres humanos pueden experimentar, vemos que las posibilidades de combinación y recombinación capaces de producir una autopercepción fiable acompañadas de un nivel aceptable de autoestima son pocas.
De modo que, si la experiencia humana es afectiva e intersubjetiva, para la organización del orden cognitivo humano, (entendido en el sentido posracionalista) son esenciales las tonalidades emotivas que disparan los procesos vinculares.
Para la continuidad funcional del sistema es vital, lograr una individualización progresiva que conduzca a una identidad personal que le permita a la persona ser aceptada y reconocida por los otros.
Cabe tener en cuenta que en este modelo se considera a la experiencia humana como una construcción personal, y que el orden que se reconoce a esa experiencia no corresponde a una realidad objetiva sino a aquel que es viable para cada persona.
Las OSP, son llaves explicativas del terapeuta: No tienen entidad física concreta. No son ontológicamente reales. Podemos encontrar recurrencia en las formas como una persona se explica sus experiencias, dándose un significado que le permita desarrollar una autoimagen consciente que implique un sentido de viabilidad y continuidad histórica.
Así podemos definir a las O.S.P. como un sistema de ordenamiento de la propia experiencia inmediata que se caracteriza por una personal y única manera de agrupar y combinar (en término de procesos) las tonalidades emocionales básicas, más un sistema explicativo que en permanente relación funcional con el anterior, intenta también de una manera personal y única, hacer consistente esa experiencia en torno a una imagen consciente del sí mismo que otorgue un significado viable, (en término de la propia coherencia sistémica) a la propia existencia.
A pesar de que cada forma de OSP es peculiar y única, a los fines metodológicos es posible encontrar cierta regularidad en estas organizaciones que nos permiten ordenarlas y agruparlas en patrones bien definidos.
Algunas características comunes a la OSP serían las siguientes:
a) Cada una de las organizaciones del significado personal siguen en su formación un camino evolutivo específico que puede ser descripto y comprendido en su relación con patrones vinculares familiares tempranos también específicos.
b) Las OSP son consideradas como procesos de ordenamiento y no como contenidos de conocimiento. Se trata de modos de procesamiento específicos de cada organización que dan forma a los diversos contenidos.
c) No se observan organizaciones en estado puro. En general se dan combinaciones de dos tipos de organización.
d) Las organizaciones no existen en sí mismas, no son entidades. Son solo llaves conceptuales del terapeuta que le permiten ordenar el relato del paciente, conceptualizar y orientar sus estrategias.
e) Normalidad, neurosis y psicosis no son consideradas como estados separados, condiciones fijas o contenidos de conciencia. Son modos de procesamiento, formas de combinación y recombinación del significado personal que cualquiera de las organizaciones puede asumir. Normalidad, neurosis y psicosis son distintas dimensiones en las que un mismo significado personal puede funcionar en el curso de una vida.
f) Entendemos que lo que el paciente nos transmite es su forma personal de hacerse consistente en términos de su propia coherencia sistémica, la experiencia que ha vivido. Es este aspecto constructivo en su faz sintáctica el que nos interesa a los fines diagnósticos ya que nos da la posibilidad de determinar el tipo de OSP del paciente, la cantidad y calidad de autoengaño con que opera y por lo tanto, su orden funcional actual.
Guidano ha afirmado que son cuatro las OSP
§ OSP. D.A.P. (disturbios Alimentarios Psicogénicos),
§ OSP. Fóbico.
§ OSP. Depresivo.
§ OSP. Obsesivo.
Bajo ningún concepto Guidano sostiene que estas organizaciones puedan explicar todos los fenómenos clínicos. Pero si está convencido de que existe un número pequeño de organizaciones del significado personal y que esto refleja el pequeño número de emociones fundamentales que la experiencia humana puede experimentar.
Podemos considerar las siguientes:
1) OSP DEPRESIVA: Un niño que va a desarrollar una organización depresiva ha tenido en su contexto familiar la pérdida física de uno de sus padres o bien la indiferencia o el rechazo de los padres que es una pérdida emocional, el niño no se ha sentido asistido en sus necesidades, es el niño que tiene un sentido de sí mismo basado en temas de desesperación o rabia.
Como estrategia defensiva en respuesta al rechazo paternal, los niños presentan habitualmente patrones de apego evitativo, es decir, evitan activamente el contacto con los cuidadores ya que probablemente no serían correspondidas y por lo tanto suscitarían angustia e ira.
Así, la experiencia de la soledad en los niños esquivos se ve acompañada por una especie de actitud para el “autocuidado”.
Es típico de estos niños tener oscilaciones entre momentos de desesperación y momentos de rabia. Estas oscilaciones las tienen también los depresivos de adultos pero es habitual que aprendan a no expresarlas, pero las sienten, las experimentan. Esta es la base de una organización depresiva, lo que ocurre continuamente en su experiencia cotidiana.
2) OSP FOBICA: En esta organización al niño se le bloquea indirectamente desde pequeño la capacidad de exploración. Esto ocurre porque el mundo es vivido en la familia fóbica como sumamente peligroso y no se puede vivir sin una protección adecuada. Para que se desarrolle un tema de significado fóbico es importante que el bloqueo de la exploración sea indirecto, es decir, la madre nunca prohíbe al hijo ir a jugar con sus compañeros, porque en caso de prohibición directa, explícita, eso motiva en el niño rebeldía. La madre fóbica cuando el niño pide permiso para ir a jugar, se asusta, deja de hacer su tarea, se coloca en la ventana y le grita que se cuide, que no se lastime. Esta actitud de la madre le hace percibir al niño que el mundo es algo sumamente peligroso y que a cada momento puede pasar algo irreversible. La activación básica de los fóbicos es vivir en un mundo peligroso donde la protección de los padres tampoco es segura y le dispara como emoción sobresaliente el miedo, oscilan entre el miedo y la curiosidad, tienen siempre el empuje a explorar, pero el explorar dispara un miedo que se puede convertir en pánico. En síntesis estas personas son muy sensibles a la desprotección cuando se produce demasiado distanciamiento de su base segura o bien son sensibles a la constricción cuando sienten la presión sobre sí mismo de sus figuras significativas.
3) OSP DAP (DISTURBIOS ALIMENTARIOS PSICOGENICOS): Esta organización no tiene polaridades emocionales tan definidas. Es la organización típica de los pacientes con síntomas de trastornos alimentarios (Anorexia, bulimia, obesidad), de allí el origen de su nombre. En esta organización el niño desde pequeño es interferido por su familia en formarse un sentido de sí mismo autónomo, donde siempre se le niega el sentido de individualidad y se le anticipan las emociones que tiene que sentir, experimentar, y si no siente la cosa correcta, los padres se la definen después. La familia dápica es la familia en la que la imagen es más importante que la persona, no importa lo que el niño siente sino como el niño se ve. La intención de la madre es que el niño sea perfecto, pero el mismo desconoce su intención, lo que siente es que su experiencia no es la verdadera. Por ejemplo el niño puede pensar que se aburre en la casa de la abuela, pero de acuerdo a lo que su madre le dice, todos los niños que visitan a la abuela son felices y él no se da cuenta que está feliz porque es un niño. Lo que surge de estas experiencias es que el niño nunca está seguro acerca de lo que está sintiendo, de sus sensaciones, emociones y de sus percepciones y, por lo tanto, son solo los demás los que pueden aclarar esta situación. Estas personas necesitan ser confirmados por los otros como significativos, con un bajo o nulo nivel de exposición a enfrentar el juicio negativo de los mismos
4) OSP OBSESIVA: Esta organización también no tiene polaridades emocionales bien definidas. El apego de los padres se caracteriza por la incertidumbre de la calidad del apego que genera al niño, por un lado son padres que están seguramente dedicados al hijo que es importante para estos, el hijo no tiene experiencias como los depresivos que sienten al padre indiferente o rechazante. No cabe dudas que el padre esté dedicado al niño y le dedica bastante tiempo, pero al dedicarse a la vez lo tortura, por lo cual se vuelve alguien que no es posible definir en términos emocionales, es decir, si es un padre que quiere o no quiere a su hijo. Es posible que el paciente refiera “Llego a casa y no dudo que papa deja todo lo que tiene que hacer para seguirme con mis tareas, pero para seguirme me tortura, me pregunta, me hace hacer todo varias veces, etc. En el obsesivo esto se transforma en el problema, la experiencia es dicotómica, porque la duda “Mamá me quiere, mamá no me quiere” corresponde a una duda sobre sí mismo “Soy querible, no soy querible”, “soy un niño bueno, soy un niño malo”. El problema es que como siente simultáneamente que se desarrolla un vinculo emocional ambivalente con los padres (me quieren - no me quieren), simultáneamente tiene un sentido de sí mismo dividido o dicotómico. El obsesivo tiene un problema parecido al dápico porque no logra alcanzar una definición estable de la experiencia inmediata y adopta una solución que es parecida pero diferente en cuanto a los hechos prácticos. Es decir, la incertidumbre se puede resolver a través de estándares externos: En el obsesivo los mismos lo son en correspondencia a una ideología que puede ser moral, religiosa, de justicia, de empeño social, y así logra reducir la duda. Así puede referir “soy un hombre bueno, no el malo que me siento porque en cada momento correspondo a ese orden ideológico externo que permite acomodar los criterios internos.”. En el dápico los estándares externos lo son en correspondencia con el juicio de los otros significativos.
Normalidad, neurosis y psicosis.
No son consideradas como estados separados, condiciones fijas o contenidos de conciencia; no existe ningún tipo de contenido de conciencia que pueda ser considerado como propio de cualquiera de ellas en particular; no son modos de procesamiento, formas de combinación y recombinación del significado personal que cualquiera de las organizaciones puede asumir.
Normalidad , neurosis y psicosis son distintas dimensiones de coherencia sistémica en las que un mismo significado personal puede funcionar en el curso de una vida.
El grado de plasticidad y flexibilidad con que el sistema opera: en la normalidad los significados son más plásticos y flexibles y pueden remplazarse fácilmente por otros; en la neurosis y la psicosis la rigidez aumenta en forma progresiva.
La capacidad de autoorganización: las discrepancias originadas en nuevas experiencias deben ser integradas a un sentido de sí mismo que se mantenga artificialmente y con una sensación de coherencia y continuidad en el tiempo; esto obliga a reorganizaciones constantes.
Una mayor capacidad de reorganización e integración nos acerca a la normalidad, mientras que en la neurosis ésta capacidad está muy reducida y en la psicosis hay siempre aspectos del sí mismo que no pueden integrarse.
Las O.S.P poseen capacidad para la autorregulación: esta se expresa en un particular equilibrio dinámico, un “orden a través de las fluctuaciones”. Los cambios continuos del punto de equilibrio en la dinámica yo (experiencia inmediata)-mi (autoimagen evaluada actual) son el único modo de mantener la coherencia que estructura la continuidad de la propia experiencia, asimilando al mismo tiempo, las perturbaciones que surgen de ella.
Las variables que regulan la mencionada dinámica son la toma de conciencia y la afectividad. La primera cumple un papel importante en la regulación y modulación de las perturbaciones que desafían a la organización y la segunda es el factor desencadenante de dichas perturbaciones.
La toma de conciencia es la dimensión abstracta reflexiva a través de la cual la experiencia inmediata (yo) es autorreferida para reordenarla congruentemente con la autoimagen evaluada actual (mi). Los registros concientes de uno mismo son procedimientos para hacer congruentes los estados percibidos de la experiencia inmediata con la autoimagen actual (sobre la base del patrón específico de coherencia interna y del nivel de abstracción y flexibilidad con el que se hacen). Es así que una experiencia inmediata se vuelve comprensible por medio de una apreciación selectiva de los rasgos (senso-afectivo-motores) ya reconocidos como propios por la actual autoimagen. Es así que toda explicación de la experiencia inmediata apunta a confirmar la evaluación actual del mundo.
La autorreferencia reflexiva tiene la capacidad para el “engaño conciente”, por lo tanto, ninguna toma de conciencia será viable sin un autoengaño adecuado. Si este es mayor, se eleva la imposibilidad de clasificar la experiencia inmediata y si es menor, aumenta desmesuradamente los procesos de autorreferencia.
La función de los procedimientos de autoengaño de las O.S.P es la de manipular la codificación a fin de que ésta sea congruente con la calidad de autoconciencia permitida por el nivel de abstracción y flexibilidad. Por medio de dichos procedimientos, se pueden hacer inteligibles los sentimientos críticos sin cuestionar la aceptabilidad de la autoimagen estructurada hasta ese momento. De esta manera, el autoengaño conciente procura proteger al individuo de cambiar demasiado y/o muy rápidamente.
En el equilibrio dinámico entre la experiencia inmediata y los patrones de toma de conciencia actuales, el papel regulador de los procedimientos de autoengaño es doble: mientras apuntan a preservar el equilibrio actual, crean a su vez las condiciones para la aparición de discrepancias yo-mi. La asimilación de las mismas, supone cambios del punto de equilibrio en la dirección de un reordenamiento personal progresivo o regresivo. Será progresivo, de acuerdo al nivel de abstracción y flexibilidad de la toma de conciencia. Si en cambio es regresivo, el desafío al autocontrol va acompañado de niveles altos de hiperemocionalidad y desequilibrio personal. Al ser mayor la incapacidad de decodificar la discrepancia que emerge, mayor será la tensión y escisión experimentada entre los propios pensamientos y sentimientos.
Nos hemos referido precedentemente a la toma de conciencia, ahora en cambio hablaremos de procesos diferentes: los autoconscientes, que tienen una función amplificadora en la percepción de los rasgos reconocibles (lo que como ya señalamos, no sucede en la toma de conciencia). La autoconciencia es un ordenamiento constructivo autorreferencial que determina en gran medida la forma que asumirá la experiencia personal.
Una revolución personal (un cambio profundo exitoso) y un síndrome clínico bien definido (un cambio profundo no exitoso), aunque fueron desencadenados ambos por una perturbación emocional profunda, son el resultado de procesos de reordenamiento distintos, que a su vez son producidos por distintos niveles de autoconocimiento y pensamiento abstracto. Es necesario durante la terapia, generar cambios progresivos en los patrones actuales de autoconciencia del cliente, aumentando la comprensión que él tiene del modo en que ordena la experiencia activa.
Por otro lado, la autorregulación independiente no existe y la intersubjetividad está dentro de un ordenamiento autorreferencial básico a través del cual la construcción de la imagen de otro ser significativo se correlaciona con una percepción del sí mismo.
Es así que desde la perspectiva posracionalista, el apego posee una interdependencia fundamental con el significado personal.
La influencia de los apegos tempranos se refleja en el estilo de apego, el cual, iniciado con los primeros modelos, continúa a lo largo de las etapas evolutivas.
Durante la madurez aparecen nuevos patrones de apego (ej.: relaciones amorosas íntimas-sexuales) que adquieren la función autorreferencial de confirmar, sostener y expandir los patrones de coherencia del significado personal estructurados hasta el momento. El curso de una relación está más vinculado con las percepciones del otro que con las características reales del otro, es así que en el proceso de vincularse con alguien, uno no elige tanto a la persona como al modo de experimentarse a sí mismo con esa persona.
Entendiendo que los modelos de las figuras de apego se vinculan con los patrones actuales de percepción, toda modificación percibida de esos modelos va acompañada de intensas perturbaciones en la experiencia inmediata. Dichas perturbaciones pueden desencadenar la aparición de discrepancias yo-mí que a su vez desafían la evaluación actual del sí mismo.
Por otro lado, el grado de intimidad percibida de una figura de apego tiene gran correlación con la intensidad de la interdependencia emocional experimentada durante la relación. En una relación prolongada, las dimensiones de interdependencia emocional están más articuladas y el vínculo cumple la función de otorgar validez al sentido del sí mismo de cada integrante.
La imagen construida del otro está ligada con el patrón de S.P: En un Sdo. Depresivo: El otro podrá percibirse como salvador de un destino de soledad o como quien confirma ese destino/ En un significado Fóbico: el otro podrá ser percibido como protector o como amenaza de pérdida de protección y/o libertad/En un Sdo. de Desórdenes alimentarios: se podrá percibir al otro como incondicional o como intrusivo/En un Sdo. Obsesivo: el otro podrá percibirse como quien confirma la certidumbre de que se tiene el control total o como única posibilidad de aliviar el sentido angustioso de falta de control/
Dentro de la perspectiva ontológica que presentamos y que intenta explicar de qué modo el ser humano llega a experimentar un sentido de la individualidad singular y específico, el apego es el sistema autorreferencial que subyace de modo preeminente al desarrollo y mantenimiento de la dinámica de la mismidad.
La noción de apego nos permite además comprender la dimensión del duelo (tanto por pérdidas físicas como afectivas) como proceso complejo y de múltiples direcciones que se despliega y toma forma en el tiempo. El mismo está constituido básicamente por dos momentos: experimentar y aceptar la pérdida y reordenar la autoimagen para proyectarla en otras relaciones.
Lo que se experimenta en el duelo como pérdida es el modo específico de sentirse, más que la ausencia objetiva de la otra persona. Dado que la imagen construida de una figura de apego regula los patrones actuales de la autopercepción, lo crucial que subyace a la experiencia de verse privado de un ser querido es el cambio abrupto percibido en esa imagen. Los posteriores intentos tendientes a restaurar la continuidad, conducen a un complejo proceso de reorganización personal que puede desarrollarse tanto progresiva como regresivamente.
Otra noción importante propuesta por la perspectiva que presentamos es que ningún cambio es posible sin emociones: Si bien los “temas de pensamiento” suelen pasar por un proceso más o menos continuo de diferenciación, recombinación e integración, los temas afectivos básicos son mucho más constantes en el tiempo y tienen un ritmo y mecanismo de cambio distinto que el de las estructuras cognitivas. Por lo tanto, el supuesto de que un cambio en la cognición entraña uno en las emociones es infundado, pues la autorregulación y autodesarrollo de temas afectivos nucleares no se ve tan influido por las reglas lógicas de la diferenciación e integración como los temas abstractos.
Si bien el pensamiento generalmente cambia los pensamientos, solo el sentimiento puede cambiar las emociones. En este sentido, sólo la aparición de nuevas experiencias emocionales puede afectar la autorregulación, modificar los patrones actuales de autoconciencia y así facilitar un reordenamiento de los procesos de significado personal.
La actitud del terapeuta en la relación clínica es bastante distinta de la característica en los enfoques tradicionales. La relación terapéutica pretende ser básicamente una herramienta de exploración. El terapeuta evitará afrontar las emociones perturbadoras con una actitud crítica y/o preocupada ya que esto le confirmaría al cliente el sentido de extrañeza con que habitualmente él mismo percibe dichas emociones (y por lo tanto reduciría la posibilidad de que llegara a asimilarlas).
Dado que la meta no es modificar las creencias del cliente a cualquier precio sino ayudarlo a darse cuenta de su propio modo de elaborarlas, el terapeuta desde el inicio orienta la comprensión del cliente hacia los patrones básicos que usa para autorreferir la experiencia inmediata.
Al reconstruir gradualmente la coherencia interna que existe bajo el carácter aparentemente extraño de los sentimientos perturbadores, el terapeuta consigue que el cliente advierta con creciente claridad que dichas emociones contienen una información importante y al comprenderla, seguramente se le facilitará entender las dificultades existenciales padecidas. En otras palabras, se propone un proceso terapéutico que facilite las indagaciones personales de los clientes, tendientes a encontrar un camino para la comprensión gradual de las reglas que imponen la coherencia rígida de su O.S.P.
El logro de una comprensión más articulada y exhaustiva del propio funcionamiento y del modo de reordenamiento de los significados personales, representa la variable crucial para la asimilación de los sentimientos extraños y desagradables (percibidos como irreales) y su transformación en emociones personales (sentidas como reales).
METODOLOGÍA GENERAL DE LA TERAPIA COGNITIVA POST-RACIONALISTA:
Su dispositivo operativo reside en la interfaz entre la experiencia inmediata y su reordenamiento explícito. El procedimiento básico consiste en preparar a los clientes mediante técnicas de autoobservación para que puedan lograr una diferenciación entre la percepción-las creencias-las actitudes concientes, para reconstruir a continuación los patrones de coherencia.
Para que dicha estrategia sea eficaz el cliente debe experimentar gradualmente durante el proceso terapéutico, algunos acontecimientos cargados de afecto, que presionan progresivamente hacia la reorganización.
A lo largo de este proceso, el terapeuta debe proporcionar herramientas de análisis y autoobservación que, al aumentar la flexibilidad y plasticidad del nivel de autoconciencia del cliente, le permitirán realizar gradualmente un reordenamiento de la experiencia personal. En ese reordenamiento, la perturbación problemática será asimilada y comprendida en una imagen más abstracta e integrada que no implicará una aflicción emocional.
La relación terapéutica es el contexto específico en el que se vuelve posible que el terapeuta ponga en marcha acontecimientos creadores de cambio afectivo y guíe el proceso de la reorganización que los mismos activan.
La relación terapéutica es una interacción cercana, real, viva y sus aspectos emocionales tienen un efecto coadyuvante para la asimilación de nuevas experiencias y/o el replanteo de otras ya existentes.
Por otro lado, respecto de la actividad profesional, resulta casi imposible diferenciar la evaluación- diagnóstico de la intervención. Forman parte de un proceso complejo y multidireccional: la psicoterapia, que se despliega simultáneamente en varios niveles entrelazados.
Podemos indicar que la evaluación se realiza entre la interfaz experiencia-explicación, por medio de aptitudes de autoobservación que el cliente desarrolla gradualmente y que están vinculadas con el proceso activo de reordenamiento. El rasgo distintivo de la actitud del terapeuta durante este proceso es la capacidad de diferenciar la experiencia inmediata (lo que está ocurriendo en la praxis) y su explicación (el hacer congruente la praxis con la concepción que el cliente tiene de sí mismo).
Debe tener claro que los hechos corresponden a la experiencia inmediata del cliente y que su explicación-razonamiento es siempre un modo de autorreferirse esos hechos para hacerlos comprensibles. Al avanzar en la evaluación, enfocando alternativamente la experiencia inmediata del cliente y sus explicaciones, el terapeuta debe a su vez abordar datos directos de observación (conducta verbal-no verbal) e indirectos (informaciones sobre los acontecimientos). Estos datos están entrelazados y son interdependientes, se influyen y especifican entre sí.
Es así que: centrarse alternativamente en la experiencia y en la explicación y elegir en cada momento entre los datos directos e indirectos, deben considerarse los aspectos metodológicos básicos del procedimiento de evaluación tanto en las fases iníciales como avanzada.
EL ESTADO DE LA CUESTION EN LA TERAPIA COGNITIVA POSRACIONALISTA
NIVELES DE LA EXPERIENCIA HUMANA
Sólo podemos percibir la realidad en la que vivimos desde dentro de nuestro orden perceptivo y, como seres humanos, siempre nos encontramos en la inmediación de nuestra praxis continua de vida (condición ontológica primaria ineludible).
La experiencia humana, por lo tanto, es el producto emergente de los procesos de regulación mutua en continua alternancia entre experimentar y explicar, a través del cual los patrones de actividad quedan sujetos a referencias mediante las capacidades lingüísticas, generándose un reordenamiento (explicación) en término de proposiciones distribuidas en redes conceptuales.
Esta explicación o reordenamiento hace posible un nuevo nivel de experiencia tal como “subjetivo/objetivo”. Esta interdependencia entre emoción y cognición, vivencia y explicación, es constitutiva de cualquier proceso de conocimiento humano, tal como sentirnos vivos y la explicación continua de este hecho es constitutiva de nuestra experiencia de tener un sentido de nosotros mismos.
Nuestro sistema afectivo-emocional corresponde a una percepción inmediata e irrefutable del mundo. Por eso, desde un punto de vista ontológico, los sentimientos nunca pueden estar equivocados. Siempre somos como sentimos que somos.
Los errores solo pueden advertirse a posteriori y depende del punto que adoptemos como observadores al reordenar nuestra experiencia. Cualquier reordenamiento racional-cognitivo (explicación) consiste en operar con las coherencias de las reglas lógico-semánticas para hacer consistente el flujo de la experiencia inmediata y la continuidad de nuestra evaluación del mundo. Así, si bien la vivencia parece ser una restricción necesaria para cualquier explicación, la explicación es, a su vez, crucial para dar coherencia y significado al flujo de la experiencia inmediata. De ahí que, el conocimiento es la construcción y reconstrucción continua de una realidad capaz de hacer consistente la experiencia en curso con el ordenamiento del individuo.
En otras palabras, la interdependencia vivencia/evaluación que subyace a la comprensión de sí mismo va unida a un proceso inacabable de circularidad entre la vivencia de uno mismo (el “Yo” que actúa y experimenta) y el sentido de uno mismo que emerge como resultado de la autorreferencia abstracta a la experiencia en curso (el “Mí” que observa y evalúa). Uno mismo como sujeto (Yo) y como objeto (Mí) emergen, por lo tanto, como dimensiones irreductibles de una dinámica de la identidad personal cuya direccionalidad depende del flujo continuo de nuestra praxis de vida.
DINAMICAS DE LA IDENTIDAD PERSONAL
El punto de equilibrio en la dinámica “Yo”/”Mí” son la única forma de mantener la coherencia en que se construye la continuidad de la propia experiencia. Las variables esenciales implicadas en el proceso son: el papel de la auto conciencia en la regulación y modulación de las perturbaciones desafiantes, y el papel de afectividad en gatillarlas.
De ahí que, más que una imagen de uno mismo vista objetivamente desde afuera, la autoconciencia sea un proceso reflexivo de autorreferir la experiencia inmediata (“Yo”) que intenta amplificar los aspectos consistentes del (“Mí”) percibido, mientras que inhibe los que discrepan.
ESTRUCTURA Y DINAMICA DEL CAMBIO TERAPEUTICO
El enfoque antológico esbozado hasta aquí implica una transformación notable en la conceptualización del cambio y de la metodología terapéutica con respecto a la perspectiva racionalista imperante, en la que los trastornos emocionales se derivan de una correspondencia insuficientemente valida entre las creencias individuales y la realidad externa. Es decir, los sentimientos displacenteros son meramente indicativos de un pensamiento distorsionado. Aquí el principio básico gira entorno a este tema: para modificar las emociones perturbadoras es suficiente cambiar las correspondientes creencias irracionales, donde el terapeuta intenta por todos los medios convencer al cliente de que adopte creencias y actitudes mas convenientes.
Mas que tratarse de un criterio absoluto para juzgar una actitud en si misma, la racionalidad es intrínsecamente relativista y como tal, simplemente permite una definición del grado de adecuación de una actitud dada si esta es referida al significado personal especifico que la genero.
Por su parte la perspectiva ontológica, mediante el proceso continuo de reordenamiento de la experiencia inmediata (“Yo”) en un sentido conciente de si mismo y del mundo (“Mí”), cada sujeto es capaz de estructurar una demarcación estable y a la vez dinámica entre lo que es real y lo que no lo es en su praxis de vida. En este sentido una modificación terapéutica significativa coincide con un cambio en la evaluación del “Mí” respecto al “Yo” que experimenta, es decir, un reordenamiento de la experiencia inmediata, en el que los afectos negativos que se percibían como “extraños” e “irreales” pasan a ser evaluados como emociones personales “reales” y autorreferidas al propio sentido conciente de continuidad y unicidad.
El cambio dependerá en gran medida del nivel y calidad de la autoconciencia que el sujeto aporte al proceso de reordenamiento, siendo la autoobservación el método esencial para llevar a cabo la evaluación.
El rasgo crucial que caracteriza la actitud del terapeuta en el método de autoobservación esta constituido por la capacidad de diferenciar entre experiencia inmediata y su explicación; ej: una disputa conyugal.
Una distinción básica entre los dos niveles es que el segundo (explicación) tiene valor de verdad, mientras que el primero no. Es decir, la experiencia inmediata simplemente expresa la forma inevitable de ser-en-el-mundo y como tal nunca puede ser errónea, mientras que las explicaciones al pertenecer a un meta nivel semántica, pueden resultar erróneas al compararse con la experiencia inmediata que intentan explicar.
EL PROCESO TERAPEUTICO
Se entrena al cliente a que utilice el método de la autoobservación para que discrimine entre la experiencia inmediata y las reflexiones cognitivas y evaluaciones post hoc, así como para que establezca un patrón de comunicación consistente y coherente entre el “yo que experiencia” y el “mi que evalúa. Este proceso se lleva a cabo progresivamente a lo largo de tres fases terapéuticas:
enfoque y reordenamiento de la experiencia emocional continua
reconstrucción del estilo afectivo del cliente
o “fase final” del trabajo terapéutico llevando a cabo el análisis evolutivo.
Hacer que los clientes vayan hacia delante y hacia atrás a lo largo de historia evolutiva inicia un reordenamiento significativo de las experiencias criticas inmediatas. Este proceso tiene como consecuencia un reordenamiento del recuerdo y un mayor nivel de distanciamiento de las tonalidades afectivas recurrentes que son una parte integral de los patrones continuos de autoobservación.
LAS FASES DEL PROCESO PSICOTERAPÉUTICO.
Fase I: Evaluación y preparación del contexto clínico e interpersonal.
Esta fase dura entre 1 y 8 sesiones. La extensión depende del nivel de conciencia que tiene el paciente acerca de su problema (es decir, cuanto puede autoreferirselo por sí mismo al momento de la consulta) y de su predisposición a colaborar en la tarea de autoobservación que el terapeuta le propone implícitamente con sus preguntas y su actitud.
En esta etapa el terapeuta deberá ser cuidadoso, ya que cualquier error que cometa en esta fase se reflejará en la estructura emocional-relacional que se está construyendo y esto tendrá consecuencias a lo largo del tratamiento.
La primera sesión suele abrirse como una pregunta clásica: ¿qué problema lo trae por aquí? A lo que el paciente contesta generalmente, describiendo su cuadro clínico, el conjunto de sus trastornos. El terapeuta debe formular una hipótesis sobre la probable organización de significado personal del paciente. Esta hipótesis le servirá como llave explicativa de los procesos de identidad que están en la base de la sintomatología que observa y le dará la posibilidad de contar con una estrategia congruente con las características del paciente desde la primera sesión.
En este primera fase, la tarea del terapeuta consiste en redefinir el problema que motiva la consulta como interno al paciente, relacionado con su modo de ser, y esta redefinición debe ser tal que al tiempo que crea el contexto clínico e interpersonal del método de autoobservación descarta la atribución causal externa, criterio de enfermedad con el que el paciente viene a la consulta.
En este contexto de colaboración recíproca, en lugar de evaluar si los contenidos expuestos por el paciente son o no validos, propone a este investigar juntos el significado global, emocional, experiencial, que estos tienen, a fin de construir puntos de vistas alternativos y más comprometidos que permitan al paciente cambiar el foco de atención hacia otros aspectos de sí mismos.
Procedimiento: enfocar situaciones vividas por el paciente que sean ejemplo de la aparición de aquellos sentimientos y emociones perturbadoras que el paciente vive como ajeno a sí mismo y proceder a su reconstrucción.
Fase II: Construcción del setting terapéutico.
Una vez constituido el contexto clínico y reformulado en términos internos el problema por el que el paciente consulta, éste está en condiciones de ser guiado por el terapeuta en la autoobservación sistemática y focalizada de su experiencia inmediata.
Esta fase está formada por dos etapas, cada una comprende un período de entre 3-4 y 7-8 semanas. Durante el desarrollo de las mismas se produce, en general, la remisión de los trastornos que motivaron la consulta.
I. Enfoque de reordenamiento de la experiencia inmediata. (después de la 1° fase y hasta el 4-8 mes)
El terapeuta solicita al paciente que enfoque y registre los hechos de la semana que considere significativos en base a la reformulación del problema inicial realizado en la primera fase. Al inicio es importante que el terapeuta, utilizando la moviola, entrene al paciente para que focalice, en cada escena, la diferencia entre la experiencia inmediata y su explicación tanto durante la escena como después de ella. En general a los pacientes les resulta difícil hacer esta diferenciación ya que no coincide con la manera habitual de vivir y pensar que los hombre tenemos sobre nosotros mismos. El terapeuta deberá aportar todas las explicaciones que sean necesarias para la reconstrucción paso a paso, ayudando a los pacientes a cambiar el punto de vista del porqué al cómo. Es decir mientras el paciente tenderá en cada situación a centrarse en el porqué (la explicación), el terapeuta debe guiarlo a examinar y distinguir los distintos matices del cómo (su experiencia inmediata).
El terapeuta debe conducir al paciente a autoobservar como está constituido en cada momento su experiencia subjetiva, distinguiendo en la misma sus ingredientes: emociones, sentimientos, sensaciones e imágenes, así como el modo en que se experimenta a sí mismo como persona mientras esto ocurre. Asimismo debe entrenar al paciente para que empiece a distinguir el modo en que estos estados internos se disparan, es decir, a partir de la percepción de qué acontecimientos o circunstancias.
En esta etapa el terapeuta entrena al paciente en el ejercicio de la heterorreferencialidad. La misma consiste en la estructuración de un mecanismo de autoobservación que tiende a aumentar la flexibilidad del paciente en el modo de ordenar un sentido de sí mismo (¿Quién me siento ser?) al independizarlo del parámetro externo (¿cómo me ve la otra persona?).
Procedimiento: cuando se ha examinado la secuencia crítica donde el paciente ha podido reconstruir y autoreferirse la experiencia subjetiva de sí mismo que tuvo ante el juicio crítico de la otra persona, el terapeuta le propone volver a observar la escena desde un punto de vista alternativo, un punto de vista donde la conducta de la otra persona es tomada como información sobre dicha persona, sus sentimientos y emociones en ese momento y sus características. Se puede proponer al paciente que imagine ver una película donde hay un personaje que tiene las características de la persona por la cual el paciente se sintió definido y pedirle que trate de ver, cambiando su punto de vista habitual, qué información sobre la otra persona le da lo que está observando.
El terapeuta entrenará al paciente durante las sesiones en el ejercicio de la heterorreferencialidad y le propondrá que lo lleve a cabo durante la semana.
II. Reconstrucción del estilo afectivo (duración entre 2 y 7 meses)
Esta etapa comienza cuando los pacientes, quienes ya se pueden reconocer y autorreferirse emociones y sentimientos antes excluidos de su conciencia, empiezan a estar en condiciones, además de reconocer la conexión de los estados emocionales más críticos, aquellos que motivaron la consulta, con eventos afectivos relacionados con las personas significativas. Especialmente, es importante para enfocar esta etapa de autoobservación que el paciente pueda distinguir y autorreferirse, en alguna medida, la relación existente entre sus estados emocionales críticos y discrepancia que pueda estar percibiendo en la imagen de la persona con la cual tiene la relación afectiva más significativa. El terapeuta puede hacer explícita esa reformulación que vincula el trastorno emocional con el desequilibrio afectivo que el paciente está viviendo y destaca con la reformulación la relación que puede observarse entre ese desequilibrio afectivo y el cambio que la persona percibe en la imagen de su partenaire.
A medida que se va haciendo más claro cómo el problema original el terapeuta propone al paciente la autoobservación de su estilo afectivo mediante la reconstrucción de escenas significativas de su historia sentimental de modo tal que alcance una comprensión del modo en que empieza, mantiene y termina los vínculos afectivos y, especialmente, de la relación existente entre ese estilo afectivo personal y su sufrimiento actual.
Se realiza un análisis de una historia afectiva del paciente que involucra los siguientes pasos:
A. Reconstrucción del debut sentimental. Se entiende como debut sentimental la primera relación afectiva significativa que la persona ha tenido, en general en la adolescencia. Constituye una ensayo general de la carrera amorosa que la persona inicia, los ingredientes básicos que formarán parte del estilo afectivo que se reconstruirá dependerán de cómo haya sido este estreno y de la forma en que el paciente haya evaluado el resultado de esa primera experiencia.
B. Se debe pedir al paciente una lista con la secuencia de las relaciones significativas que ha vivido desde que el debut y hasta el momento. Es importante que el paciente refiera cuáles son sus criterios, lo cual ayudará al terapeuta a distinguir cuales son los patrones de clasificación de las parejas que son más coherentes con el estilo vincular que construyo el paciente.
C. La tarea consiste en pasar por la moviola las escenas más significativas de cada una de las relaciones, de manera que se reconstruya de qué modo estas relaciones se han formado (como las personas se volvieron significativas para el paciente), se han mantenido (a través de qué mecanismos de autoengaño el paciente excluyo los sentimientos y emociones discrepantes en cada situación de oscilación de la imagen de la persona significativa) y de qué manera se diluyó el vínculo (con que mecanismos de autoengaño y exclusión mantuvo un sentido coherente de si mismo mientras se producía la ruptura y después de ella).
Pasar una y otra vez por la moviola las secuencias más significativas de la vida afectiva, mientras se reconstruye la forma en que estos eventos fueron experimentados, evaluados y autorreferidos permite poner de manifiesto una coherencia en el estilo afectivo del paciente que cuando éste puede observar y autorreferirse le ayuda a tomar conciencia de la forma en que con este estilo produce experiencias emocionales recurrentes que tienden a estabilizar su sentido de sí mismo. Esto provoca un cambio notorio en el punto de vista del paciente sobre sí mismo: un cambio en la evaluación del mí respecto del yo. El paciente puede ahora reconocer, apreciar y autorreferirse como sus diferentes estados emocionales se combinan y recombinan a lo largo de un vínculo afectivo, al igual que como la percepción de otro significativo llega a regular su propia autopercepción.
Fase III: Reconstrucción de la historia del desarrollo; análisis evolutivo del significado personal. (Entre 3 y 6 meses de duración).
El objetivo es reconstruir la forma en que su propio camino evolutivo los llevó a estructurar el significado personal que descubrieron en sí mismos durante la segunda fase.
La tarea de la autoobservación anterior se llevo a cabo sobre experiencias presentes o del pasado reciente; vivas y ricas en detalles y por consiguiente, fáciles de reconstruir, en esta fase, se trabaja con recuerdos más vagos, superpuestos entre sí y con menos detalles. A partir de un recuerdo vago e impreciso en los detalles pero afectivamente significativo se pueden reconstruir las totalidades emocionales con que aquella situación ha sido experimentada por él, y la forma en que en ese momento él la ordenó en una narrativa consistente con el significado personal que comenzaba a organizar.
La principal dificultad radica en que el paciente, como toda persona, ha construido una versión de su historia vital ordenada a lo largo de los años con explicaciones consistentes con la imagen de sí mismo. Es por eso que la capacidad del paciente para enfocar su pasado desde un nuevo nivel de autoevaluación y autorreferencia, basado en la conciencia de su propio funcionamiento que alcanzó en las fases anteriores, es la variable decisiva para que se pueda llevar a cabo la reconstrucción del pasado con un nivel de reordenamiento. Teniendo esto en cuenta se comprenderá porqué no puede iniciarse esta fase de autoobservación de la experiencia inmediata en la historia del desarrollo hasta que el paciente no haya alcanzado nuevos puntos de vista sobre sí mismo.
Procedimiento: Primero hay que reconstruir con el paciente su historia evolutiva para identificar los hechos significativos, a su vez, éstos se dividirán en escenas que se pasarán luego por la moviola una y otra vez. Durante la reconstrucción de la historia, el terapeuta puede identificar los eventos significativos a reconstruir en la moviola teniendo en cuenta:
a) Su conocimiento de las etapas de desarrollo y los problemas específicos característicos de cada organización de significado personal (depresiva, fóbica, tipo DAP, obsesiva) en esas etapas.
b) La reacción emocional y el nivel de discrepancia entre ésta y su explicación que genera en el paciente cada recuerdo.
c) Los modos específicos de autoengaño que el terapeuta ya conoce en el paciente y que puede anticipar como propios, también, del proceso personal que está en juego en cada recuerdo.
El análisis se realiza teniendo en cuenta tres etapas madurativas que se reconstruyen cada una de ellas, primero, como una visión panorámica que permite ubicar los recuerdos significativos, y luego, focalizando en cada uno de éstos. Estas etapas madurativas son: infancia y años preescolares (0-6 años), niñez (7-12/13 años), adolescencia y juventud (13-20/21 años).
Una vez desplegada una visión panorámica de la etapa como si fuera una película donde el paciente se ve a sí mismo desde, por ejemplo: su nacimiento hasta sus seis años, se eligen las escenas contenidas en los recuerdos significativos y se las reconstruye con el procedimiento habitual poniendo el foco especialmente en: A) la secuencia de interacciones, a fin de reconstruir los patrones vinculares con los que se daba la relación entre el paciente y sus cuidadores. B) la experiencia subjetiva del niño de modo de reconstruir el sentido de sí mismo y del mundo que el paciente experimentaba en aquel entonces en cada situación.
En esta fase se le pide a éste que se observe en la misma escena desde dos puntos de vista objetivos, es decir, dos puntos de vista alternativos desde los cuales él es ahora “espectador” de su propia escena. Estos dos puntos de vista son: A) como se ve él desde afuera con los “ojos de un niños de la misma edad” que la tiene en la escena; B) como se ve él desde afuera, en esa escena, con los “ojos del presente”.
El cambio continuo en los puntos de vista con que se observa durante la reconstrucción de su desarrollo evolutivo es lo que permite al paciente reordenar su pasado de tal modo que deja de dar por sentado su significado personal y comienza a experimentarlo como el proceso auto constructivo de su propia forma de ser en el mundo. A su vez, esta ampliación de la conciencia le dispara nuevos puntos de vista actuales sobre sí mismo, lográndose de este modo el objetivo de la terapia: la reestructuración del significado personal del paciente en un mayor nivel de flexibilidad y abstracción narrativa.
Muchos pacientes no realizan la última fase del tratamiento debido a que al final de la fase dos; ya sin síntomas y sintiéndose diferentes que al momento de la consulta, deciden interrumpir el tratamiento. El terapeuta no debe oponerse a esa decisión sino que debe dejar, una vez más, que sea el paciente quien decida sobre su propia vida. En todos los casos, además de pautar algunas sesiones de seguimiento que se irán espaciando en el tiempo –primero una vez por mes y luego una sesión cada 3 o 4 meses- durante los próximos dos años, el terapeuta debe comunicar a su paciente que el fin de este tratamiento no implica el fin del vinculo terapéutico y que, por lo tanto, en cada instancia en que lo sienta necesario pueden juntos poner nuevamente en marcha su trabajo de auto observación.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
§ Caro, Isabel (1997). Manual de Psicoterapias Cognitivas (1° ed.). Barcelona: Paidós.
§ Guidano, Vittorrio (1994).El Sí mismo en Proceso. Hacia una terapia cognitiva posracionalista (1° ed.). Barcelona: Paidós.
§ Kerman, Bernardo. Nuevas Ciencias de la Conducta. Aplicaciones para el 3° milenio. Buenos Aires: Ed. Universidad de Flores.
martes, 29 de septiembre de 2009
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